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De la importancia de los saladeros argentinos

26/10/2012 |


Una interesante recorrida por la historia de tan importantes establecimientos en el desarrollo de la industria y la ganadería argentinas.

¿Qué hubiera sido de la Argentina sin carne? Efectivamente, para reverenciar a nuestra tan querida proteína, Alfredo Montoya escribió este interesante libro llamado “Historia de los Saladeros Argentinos”, que comienza con la primera exportación de cecina llevada a cabo por la Real Cédula de 1602 con destino a Brasil y termina con la declinación de los saladeros a manos de la ascendente industria frigorífica.

En el ínterin cuenta cómo Francisco Medina estableció el primer saladero del Río de la Plata en 1787, cerca de Colonia de Sacramento, donde elaboraba carne vacuna salada y tasajo. También menciona el primer saladero establecido en territorio argentino, en Ensenada, emprendimiento de Staples y Mcneil en 1810, o del establecimiento que tuvieron Dorrego y Rosas.

En 1825 llegaron a funcionar 25 saladeros alrededor de Buenos Aires, según dice el autor, hasta llegar a un pico máximo de 614.500 animales sacrificados en la temporada 1868/1869, un auténtico record para la época.

El fin de esta industria vino de la mano de los primeros buques frigoríficos como “Le Frigorifique”, que arribó a las costas del Plata en 1876, o el “Le Paraguay”, otro barco francés que podía conservar la carne entre -20C° a -30C°.

Como sea, este pequeño libro es una curiosidad para todo gourmet amante de la carne, ganadero, o historiador que quiera hacerse de una idea clara acerca de los primeros pasos que dio la industria de la carne vacuna en el país.