Header

Cocina galesa en la Argentina: tradición que se ha ido modernizando

06/06/2012 |


Los descendientes de la colonia de galeses que se afincó en Chubut a mediados del siglo XIX mantuvieron varias recetas tradicionales pero adaptadas al gusto criollo y a los ingredientes locales.

Uno de los grupos de inmigrantes que llegaron a la Argentina en el siglo XIX y que mejor preservó sus tradiciones es la colonia galesa afincada en la Provincia de Chubut. Beneficiada por la distancia a los grandes centros urbanos que se iban formando en Buenos Aires, Rosario y Córdoba, los galeses que llegaron a la Patagonia a partir de 1865 pudieron conservar durante muchas décadas su cultura, su idioma, su religión y sus tradiciones culinarias sin la interferencia del resto de la Argentina.

Lo que se conoció en idioma galés como la “Gwladfa” (“Asentamiento”) fue el primer intento exitoso de desarrollo de una colonia fuera de Gales, forzados a emigrar como tantos otros europeos por las difíciles condiciones económicas que atravesaban en esos momentos. Pero el territorio que encontraron los primeros colonos al desembarcar donde ahora se encuentra Puerto Madryn fue muy distinto al que habían dejado en Gales.

Las praderas y verdes colinas galesas, donde se criaban ovejas (la carne de cordero es el producto emblemático de la gastronomía galesa), había sido reemplazada por el árido e inhóspito desierto patagónico. Si bien los inicios fueron difíciles, con el correr del tiempo los colonos lograron migrar hacia el sudoeste e instalarse en el Valle del Río Chubut, donde pudo florecer su “Gwladfa” con un importante número de chacras y el cultivo del trigo como actividad principal.

Sin embargo, por la falta de varios ingredientes autóctonos empleados en la cocina galesa, pero también por la influencia de los pobladores llegados de otras partes del país que se fueron instalando en la región a partir del siglo XX, la gastronomía de los colonos fue modificándose hasta perder parte de su acervo original.

Desde el punto de vista culinario, la carne de cordero siguió siendo la base de su gastronomía, gracias a la cría de ovejas que se desarrolló en toda la Patagonia. De estos son clásicos galeses el cordero asado con salsa de menta (la versión con salsa de algas comestibles quedó en Gales), el “cawl”, que es un estofado de cordero o el “shepherd’s pie”, una versión del pastel de carne con cordero.

Platos como el “jellied eels”, elaborado con anguilas y vinagre, o el “laverbread”, un pan de algas con avena que se fríe en grasa de panceta, no pudieron conservarse dentro de la tradición culinaria de los colonos por la falta de estos ingredientes. Pero también hubo una adaptación de la gastronomía original galesa al gusto argentino, a medida que la integración con el resto del país se fue profundizando a lo largo del siglo XX. Fue así como apareció la carne vacuna en los recetarios de los descendientes de los colonos o productos como el membrillo (desconocido en Gales) en las mermeladas que tradicionalmente preparaban.

En materia de postres y platos dulces, los galeses mantienen desde hace mucho tiempo el rito de la ceremonia del té. Esta tradición se sigue conservando aún hoy, siendo el 28 de julio un día de fiesta para todos los descendientes de los primeros colonos, puesto que fue el día que llegaron a la Patagonia en 1865. En los pueblos galeses del Valle del Río Chubut y de la Cordillera (Gaiman, Dolavon, Trevelin, Trelew, etc.) se celebra ese día con tés multitudinarios donde cada familia hace gala de su habilidad respostera. Las teteras se sirven con los clásicos cubreteteras tejidos, acompañadas con mermeladas y tortas, siendo la más conocida la torta negra (o galesa), que en realidad se llama “bara brith” y que es un pan dulce elaborado con pasas de uva y cáscara confitada.

Para quienes no puedan visitar el Valle del Río Chubut en esa fecha, siempre les queda como alternativa la posibilidad de hacerse una escapada a Gaiman para conocer alguna de sus tradicionales casas de té y sentirse como si estuvieran en un auténtico hogar galés.