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Hesperidina, el aperitivo made in Argentina

13/09/2012 |


Creado a mediados del siglo XIX por un inmigrante estadounidense, esta bebida a base de naranjas causó furor desde su nacimiento. También fue utilizado con fines medicinales y se convirtió en el primer producto patentado en el país.

En materia de bebidas alcohólicas, la Argentina nunca fue un país que se caracterizara a nivel mundial por un consumo variado o elevado de alcoholes ni tampoco por aportar al mundo productos célebres como el vodka ruso, el tequila mexicano o el gin británico.

Sin embargo, para quienes visiten la Argentina y tengan interés en conocer la cultura alcohólica nacional, no podrán dejar de probar, en su viaje al Norte del país, la caña quemada. En cambio, en el área de Buenos Aires, existe desde hace más de un siglo y medio uno de los pocos aperitivos “made in Argentina” que, curiosamente, fue creado por un inmigrante estadounidense.

Se trata de la Hesperidina, nombre comercial con el que se dio a conocer este brebaje a base de cortezas de naranjas amargas y que fue desarrollado en 1864 por Melville Bagley, quien luego se convirtiera en un importante fabricante de alimentos.

La Hesperidina, de sabor suave y dulce, fue un éxito comercial desde su mismo lanzamiento. Bagley resultó ser un gran visionario para la época, con técnicas comerciales y publicitarias revolucionarias, a tal punto que organizó una atractiva campaña previa a su lanzamiento que duró dos meses y que consistía en carteles ubicados en distintos puntos de la ciudad que únicamente decían “Se viene la Hesperidina“. La curiosidad de los porteños fue tan grande que, cuando se presentó el aperitivo, el éxito ya estaba asegurado.

Pero Bagley también fue un precursor desde el punto de vista industrial. Ante la aparición de productos similares, impulsó la creación de la Oficina Nacional de Patentes, por lo que la Hesperidina recibió la marca registrada número 1 en 1876.

Según Pedro Luis Barcia, presidente de la Academia Argentina de Letras, el nombre elegido por Bagley tiene un origen mítico. Cuando los griegos navegaban por las costas españolas del Mediterráneo, vieron el reflejo de las naranjas y creyeron que se trataban de las manzanas de oro del Jardín de las Hespérides, las ninfas del ocaso.

Por sus efectos antioxidantes aportados por los cítricos empleados en su preparación, desde el principio fue considerada también como un tónico con efectos medicinales que, además, favorecía la digestión y la circulación sanguínea. Esto no era extraño en la época y, de hecho, fue el mismo camino seguido por la Coca-Cola en EEUU unos años más tarde.

Hoy en día, los bares más tradicionales de Buenos Aires siguen sirviendo la Hesperidina, acompañada por un sifón de soda. Pero también se puede tomar con agua tónica, Campari y jugo de naranjas.