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“La lista de intelectuales que se han ocupado de lo gastronómico es larguísima”

20/06/2012 |


María Paz Moreno, investigadora española que acaba de publicar “La página al plato. El libro de cocina en España”, sostiene que los recetarios son una mina de información sobre los autores y los momentos históricos en los que fueron escritos.

Recientemente, el Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa publicó un ensayo sobre la banalización de la cultura y la generalización de la frivolidad. En “La civilización del espectáculo”, el autor de origen peruano plantea que “En un mundo en el que las pasarelas de la moda o las cocinas son los referentes centrales de la vida cultural y están suplantando al arte y la filosofía, no se tiene la misma idea de cultura que entonces: hay una frivolización y un facilismo que ha desnaturalizado el concepto mismo de cultura, y hemos perdido los valores que la sostenían”.

Para la investigadora española María Paz Moreno, licenciada en Filología Hispánica de la Universidad de Alicante y especializada en la importancia cultural de la literatura gastronómica, “lo gastronómico no tiene que estar reñido con la cultura”. La especialista considera en cambio que la gastronomía es una manifestación de la cultura.

Me parece lógico el punto de vista de Vargas Llosa, que como buen pensador se preocupa de que la sociedad preste más atención a temas superficiales que a disciplinas de mayor peso intelectual. Pero no hay que olvidar que la lista de intelectuales que se han ocupado de lo gastronómico es larguísima, y va desde Cervantes a Sor Juana, quien por cierto afirmaba que ‘si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito’. Lo gastronómico y lo literario se complementan maravillosamente”, afirma Moreno, en una entrevista publicada por el Diario Información.

La investigadora acaba de publicar “La página al plato. El libro de cocina en España”, donde analiza la importancia de los recetarios como herramienta para conocer mejor las costumbres de una época, así como la forma de pensar de quienes los escribieron, más allá de la receta en sí.

Como sostiene Moreno, “si se sabe leer entre líneas, un recetario es una auténtica mina de información, que nos habla a menudo sobre la vida de su autor o autora, el momento histórico en que se escribe, etc… y por eso creo que vale la pena releerlos desde un nuevo punto de vista. En el libro intento definir qué es exactamente un libro de cocina y cómo deberíamos leerlo para lograr una lectura más completa y mucho más enriquecedora”.

Para autora, la historia influye y transforma la cocina de cada país de manera profunda. Toma como ejemplo del descubrimiento de América y cómo cambió la cocina española a partir de allí. Ingredientes como la papa, el tomate, el ají, el maíz y el chocolate modificaron profundamente la forma de cocinar y de comer en España y el resto de Europa. “El cacao tuvo una influencia fundamental para la economía española durante los siglos XVI al XVIII, ya que España tuvo hasta entonces el monopolio de su comercialización en todo el mundo. Cuando España pierde el monopolio de la explotación del cacao americano, muchos intelectuales, como Pardo Bazán, señalarán ese hecho como el inicio del declive del poder de España en el mundo, que culminará con la pérdida de las últimas colonias en 1898”, recuerda Moreno.

De las historias recogidas en su libro, la de las prisioneras del campo de concentración nazi de Terezin, en República Checa, es la que más impresión le causó. Para poder sobrellevar el horror, estas mujeres anotaban en un cuaderno las recetas que se cocinaban en sus casas. “Es un ejemplo impresionante de la fortaleza del espíritu humano en circunstancias límite, y del significado del alimento a un nivel tanto físico como metafórico”, sostiene la investigadora, quien además recuerda la historia de la prohibición del chocolate en Chiapas, sur de México: “Otra de mis historias favoritas, que incluyo en el libro, es la del misterioso asesinato del obispo de Chiapas (México), en el siglo XVIII. El obispo en cuestión se había ganado la animosidad de las damas del lugar al prohibir que se consumiera chocolate en la iglesia durante la misa. No quiero revelar mucho más; tan solo diré que en México existe desde entonces el dicho “¡Cuidado con el chocolate de Chiapas!”.