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Pedir un croissant o una baguette en el fin del mundo

10/04/2012 | Buenos Aires


A 11 mil kilómetros de distancia de París, existen en Buenos Aires varias “boulangeries” que mantienen viva la tradición pastelera francesa.

Si bien hoy en día el marketing turístico ha logrado asociar al Fin del Mundo con la Tierra del Fuego y Ushuaia, hasta hace pocas décadas atrás, venir de Europa o los Estados Unidos a la Argentina era lo mismo que viajar hasta los confines de la Tierra. Hoy, gracias a las comunicaciones y la tecnología, las distancias se han acortado sensiblemente, pero cierto clima de exotismo mezclado con un “déjà vu” sigue permaneciendo entre europeos y estadounidenses cuando llegan a Buenos Aires.

Y una prueba de que aquí se sigue encontrando una mezcla rara de cosmopolitismo lo da la cantidad de panaderías de estilo francés que se han establecido con el correr del tiempo, como fiel testimonio de que los porteños no terminan de separarse de sus raíces europeas.

Para una ciudad que se encuentra a 11 mil kilómetros de distancia de la cuna de la “pâtisserie” y que además hace casi un siglo que recibió al último gran contingente de inmigrantes de origen francés, contar con 6 “boulangeries” (de las cuales dos además tienen sucursales), no es un dato menor. Además, como prueba de la diversidad del gusto porteño, están ubicadas en distintos barrios y no se encuentran concentradas en los circuitos turísticos habituales. Por lo que, como dice “Le Guide Michelin” cuando tiene que recomendar un lugar o establecimiento, “vaut le voyage”, es decir, vale la pena hacer el viaje para conocerlas:

L’épi. Comenzó en Villa Ortúzar (Roseti 1769) y ahora abrió otra sucursal en la Recoleta (Montevideo 1567). Fue fundada por dos panaderos parisinos, Bruno Gillot (ex pastelero del célebre restaurant Le Fouquet´s, ubicado en los Champs-Elysées y de la pastelería Wittamer de Bruselas, proveedora oficial de la Corona de Bélgica) y Olivier Hanocq (formado en La Maison Lenôtre, una de las escuelas más prestigiosas del mundo). Sus especialidades son los clásicos croissants, pains au chocolat y baguettes, aparte del pan de campo, de centeno, salvado, de nuez y pasas de uva que elaboran en un horno de 1911 que se calienta con leña.

Le Blé. Su área de influencia es Colegiales y Chacarita, con dos locales ubicados en Dorrego 999 y Av.Alvarez Thomas 899. También se especializan en la “pâtisserie” y “viennoiserie” (se caracterizan por su masa hojaldrada), de las que se pueden realizar degustaciones en su espacio de cafetería. Pero también vale la pena probar sus brioches y hasta se sirven platos salados como los tradicionales “croque monsieur” (sándwich tostado de jamón y queso gratinado con salsa bechamel) o “croque madame” (incluye un huevo frito).

La Boutique del Hotel Alvear. Forma parte del restaurant La Bourgogne, ubicado en Ayacucho 2027 (Recoleta), regenteado por el Grand Chef Relais & Châteaux Jean-Paul Bondoux. Una de las especialidades son los “macarons” (discos de merengue con rellenos de distinto tipo que se asemejan al alfajor por la forma pero no por el sabor, mucho más delicado en su pariente francés).

Almacén Oui Oui. Es un local pequeño ubicado en Palermo Soho (Nicaragua 6099), que está enfrente del restaurant Oui Oui y que tiene el aire de una vieja panadería de antaño. Allí se pueden comprar (o probar en alguna de sus pocas mesas) sus croissants y también mermeladas caseras, por lo que es una buena opción para desayunar o tomar el té.

Frank Dauffouis. Es el más nuevo de los “boulangers” llegados a Buenos Aires y su local, muy pequeño y sin inscripciones, está ubicado lejos de los circuitos turísticos. Ocupa una esquina de Caballito (Ambrosetti 901), cerca del Parque Centenario y es atendido por el mismo panadero llegado de Bretaña con sus recetas a cuestas. Aparte de los tradicionales baguettes, croissants, pains au chocolat y unas ricas quiches (tarta de jamón, queso y huevo), su especialidad es el kouign-amman, una torta de origen bretón.

Pâtisserie Française. Se encuentra en Palermo (Malabia 2355) y se caracteriza por elaborar una Tarte Tatin y unos éclairs (bombas de chocolate o café con la masa choux, la misma masa de los profiteroles) que valen la pena probar, aparte de las viennoiseries tradicionales como brioches, pains aux raisins y croissants.

Foto gentileza L’épi